De todos es conocida el alza experimentada en los precios de los frijoles, no solo en Honduras sino que en toda Centroamérica. Una de las características de este mercado es la preferencia marcada por los frijoles colorados en Honduras, similar a El Salvador y Nicaragua, mientras que en Costa Rica y Guatemala prefieren los frijoles negros. En consecuencia, la movilidad de mercado se limita principalmente a El Salvador, Honduras y Nicaragua.

Persecución de “coyotes” e importación fantasma:- acción fallida.

La primera reacción del gobierno ante el alza de precios fue culpar a unos acaparadores o especuladores que no pudieron precisar, por lo que dedicaron escasos recursos públicos a buscarlos para sancionarlos. En todo ese esfuerzo solo encontraron dos o tres bodegueros que en conjunto no tendrían ni siquiera 10 mil quintales, de una demanda de más de dos millones de quintales. El resultado fue una mayor frustración para los hondureños, que seguimos pagando precios altos.

Cuando el gobierno se dio cuenta de su error de no saber leer las señales del mercado por carecer de la inteligencia necesaria, ya era tarde para poner en marcha un programa de emergencia para la producción de frijoles en primera. Un programa de producción de emergencia en áreas propicias en la primera hubiera servido como paliativo parcial a la escasez, además de prestarse para garantizar la disponibilidad de semilla de calidad para la postrera.

Por cierto que muchas partes del país han tenido una primera benigna para la producción de frijoles, como lo atestigua la experiencia propia. Por ello se buscó solucionar la situación vía importación y solo se encontró frijoles similares en Etiopía, un país que ha pasado crisis alimentarias mucho más severas que las nuestras y ahora se da el lujo de exportar frijoles a Centroamérica. Nicaragua, después de exportar sus frijoles negros, también buscó proveerse de frijoles colorados de Etiopía.

En Nicaragua se autorizó una importación de 20 mil toneladas (440 quintales), mientras que Honduras buscó solo 50 mil quintales, de los cuáles solo llegaron cinco mil. En otras oportunidades, cuando también había fallado la cosecha de frijoles, se importó unos similares de Texas, nunca de Etiopía.

Todavía se encuentra en incógnito dónde está el barquito que traía nuestros frijoles. Nos hace recordad casos similares de barquitos con arroz (de Vietnam) o derivados del petróleo. Siempre estamos esperando el barquito.

Es evidente la falta de políticas de estado, ni siquiera hay políticas de gobierno en este tema. Hemos ido dando tumbos de ciegos.

De proveedor a importador

Tradicionalmente, Honduras ha sido al mayor productor de frijoles colorados de los tres países, inclusive producía frijoles negros para exportar a Guatemala y Costa Rica. Sin embargo, la población creció y, con la creciente demanda y escasos aumentos en la producción, Honduras dejó de ser exportador.

Entre tanto y principalmente debido a sus compromisos con Petrocaribe, Nicaragua fue capaz de aumentar aceleradamente su capacidad de producción de frijoles, mucho a expensas de un drástico cambio de uso de tierras, incluyendo bosques. Esto hizo posible que se generase un mercado más complejo entre El Salvador, Honduras y Nicaragua. No perdamos de vista que el mayor demandante es El Salvador. Así, Honduras y Nicaragua se repartieron los momentos: mientras Honduras siguió siendo el principal proveedor con el frijol de postrera, Nicaragua aprovecha sus condiciones para producir en primera y en el apante, habiéndose convertido en el principal proveedor del segundo trimestre del año.

Sin embargo, las condiciones climáticas, incluyendo el fenómeno de El Niño, más la creciente dedicación a la siembra de frijol negro para exportar a Venezuela en el marco de Petrocaribe, hicieron que Nicaragua redujera su producción de frijol rojo, aunque tuvo un excedente de frijol negro que vendió a Costa Rica.

Por otro lado, en Honduras la producción principal es en la postrera. Los pocos que arriesgaron sembrar de primera se encontraron con un invierno poco favorable, pero, además, con tierras que habían sido desprotegidas por las quemas – recordemos cómo ardía Honduras para la semana santa – porque, ya desnudas, no tuvieron la capacidad de conservar la humedad ante la inclemencia del intenso sol. El estado no ha definido, a pesar de las evidencias, una política de fomento para eliminar la quema como instrumento de labranza.

¿Y la postrera?

Ahora la pregunta es qué hacer. Es importante solventar la actual crisis, pero quizá más importante es pensar en minimizar el riesgo en el largo plazo.
Por supuesto que ante la escasez hay que importar, pero no nos pongamos en una situación de reducir los incentivos a la producción local vía precios suprimidos por productos importados.

Por ello lo importante para la población no debiera ser contar con frijoles colorados iguales a los que consumimos cotidianamente sino que asegurar que podamos contar de inmediato con un producto similar, como el que se importaba de Texas. Así vamos también aprendiendo a diversificar nuestro gusto por una mayor variedad de frijoles, incluyendo frijoles negros.

Lo más importante en el plazo inmediato es prepararnos para la postrera, que puede adelantarse a septiembre, poniendo atención a las predicciones de los meteorólogos. La promoción de postrera puede hacerse vía el bono agrícola, el cual debe condicionarse al manejo adecuado de la tierra, comenzando con la no quema y el manejo de los rastrojos para conservar humedad.

Debe también asegurarse que la semilla sea de buena calidad, por lo que ya debería asegurarse con los productores nacionales de buena semilla, como la que produce la Red de Productores Artesanales de Semillas de Honduras (Red PASH).

Solución permanente

Pero para el mediano y largo plazo es necesario establecer una política de estado para los frijoles. No se puede seguir improvisando cada cuatro años o, aún peor, cada ciclo de producción. Tal política debemos consensuarla entre todos: el gobierno, los productores, la sociedad civil y los partidos políticos que no son gobierno. Debemos garantizar que se cumpla sea el que sea que gobierne y que todos podamos monitorearla.

Esta política debe incluir, como mínimo: el fortalecimiento de la cadena de valor de los frijoles, procurando una mayor gobernanza y participación efectiva de los productores en el beneficio de los precios; el compromiso de promover mejores prácticas productivas, invirtiendo en investigación orientada a la pequeña agricultura familiar, que es la que nos genera la mayor parte de nuestro abastecimiento.

Hay, como siempre, una tendencia a pensar que con riego se resuelve el problema de la sequía. Nada más engañoso ¿De qué sirve construir infraestructura de riego o proporcionar equipos si no manejamos las cuencas que son fuente del agua? ¿qué nos impide usar el mismo suelo como envase de almacenamiento? Solo nuestro limitado entendimiento.

Tenemos que empezar a pensar en la integralidad del territorio para manejar las cuencas y conservar la humedad. No descarto la construcción de infraestructura, como represas y lagunas para la cosecha de agua, pero eso generalmente servirá más para cosechas de verano que no son los granos básicos. Lo importante es manejar la naturaleza con sus reglas y a nuestro favor.

Por supuesto que este es un debate abierto que no queda resuelto en un artículo pero que sí la sociedad debe continuar.

El corolario del maíz y la situación del sur

Hay un corolario con el maíz, especialmente en la producción de la región sur, que comprende Choluteca y Valle, más los municipios del sur de El Paraíso y sur de Francisco Morazán. Ahí, la siembra de maíz de primera es siempre un riesgo por la variabilidad meteorológica de la primera. La apuesta es mejor si se siembra variedades precoces y con menor demanda hídrica. Pero esto ya es cuestión de otro análisis que puede extenderse al resto del corredor seco.

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