Biotecnología: revolución agrícola ecológica del presente

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Biotecnología: revolución agrícola ecológica del presente
Agrodiario.hn entrevistó a Alejandro Hernández, Gerente de Biotecnología para Centroamérica y el Caribe de CropLife Latín América, para conocer los avances y los retos de la biotecnología en un mundo que cada vez demanda más alimento.
La tecnología avanza rápidamente también en la biotecnología y los desarrollos que llegaron a manos del agricultor en los 90s tuvieron consecuentes impactos positivos tanto a nivel económico como ambiental.

En una sociedad del conocimiento, el acceso a la información y la tecnología avanza de manera exponencial. Han pasado 20 años y muchos recordamos que usábamos cámaras con negativo para tomar fotografías, discos compactos o CDs para escuchar música y el teléfono móvil sin internet. Basta con enseñarle nuestra tecnología de los 90s a algún escolar para que lo mire con curiosidad, asombro y quizá desprecio.

La tecnología avanza rápidamente también en la biotecnología y los desarrollos que llegaron a manos del agricultor en los 90s tuvieron consecuentes impactos positivos tanto a nivel económico como ambiental.

Se trata de una revolución invisible de los últimos 20 años, que ha sido adoptada por más de 18 millones de agricultores de todo el mundo.

Según el gerente de Biotecnología de CropLife Latin América. Si miramos los números, la adopción de la biotecnología es impresionante, de 1,7 millones de Hectáreas en 1996 en unos cuantos países desarrollados, a 181,5 millones en el 2014 en más de 20 países en desarrollo y 8 países desarrollados. Les comparto este dato para un mejor contexto, una Hectárea (100×100 metros) es un equivalente a un Estadio de Fútbol (105×68 metros).

El impacto ambiental de la adopción de la primera generación de tecnología se los presentaré a continuación en tres grandes temas, la huella de carbono, la cantidad de terreno necesaria para cultivar y el agua.

“No quisiera abrumar al lector con muchos números, pero sí con un poco de imaginación para entender el impacto a nivel de huella de Carbono”. El agricultor prepara el terreno antes de cultivar, algunos lo hacen con un arado y otros con tractores y equipo mecánico. El agricultor tiene esta práctica para promover que las semillas de las malezas germinen, eliminarlas y luego sembrar. El terreno expuesto al oxígeno del ambiente, es ideal para que los microorganismos oxiden la materia orgánica y generen grandes cantidades de Dióxido de Carbono.

La opción es hacer labranza mínima, para ello el agricultor requiere de alguna opción para controlar las malezas. Las variedades biotecnológicas tolerantes a herbicida permiten ese control. El resultado acumulado en estos casi 20 años de uso de la tecnología es un ahorro en combustible fósil que se calcula en 2,1 billones de kilogramos de CO2, y por la labranza mínima, un impacto de 25,9 billones menos en la atmósfera por secuestro de Carbono. Les pongo en contexto nuevamente, sería como sacar del mercado a 12,4 millones de vehículos por un año.

Permítame introducir el segundo tema ambiental correspondiente al bosque o terreno que el planeta se ha economizado en los últimos años para la producción agrícola. Para cultivar se requiere de grandes extensiones de terreno, que fueron o serían bosque. Las características de productos biotecnológicos de primera generación protegen el cultivo del ataque de insectos y evitan competencia de malezas al ser tolerantes a herbicida. Estas dos características incrementan la producción en un 22% y es ahí de donde proviene el ahorro en temas de terreno. El resultado es un acumulado adicional en producción de 441,4 millones de toneladas de alimentos, que bajo condiciones tradicionales habrían requerido de 132 millones de hectáreas más de terreno (o Estadios de Fútbol para el imaginario del lector). Esto toma relevancia si consideramos que hemos perdido terrenos en los últimos años como resultado de la desertificación, salinización de suelos y urbanización.

Uno de los temas de mayor importancia tanto para el ambiente como para la sobrevivencia de nuestra especie es el uso del agua para la producción agrícola. Actualmente la producción agrícola es responsable del consumo del 70% del agua dulce, en un mundo que alimenta 7,2billones de habitantes. Si consideramos que seremos 9,6 billones para el 2050 el uso eficiente del agua se hace imprescindible. Las nuevas generaciones de productos biotecnológicos buscan una tolerancia a la sequía que resulta en la protección del cultivo ante el calor y ausencia de agua, lo que evita las consecuentes pérdidas que rondarían un 20% de la producción.

Ahora bien, si la biotecnología moderna es totalmente compatible con el cuidado del ambiente y con prácticas ecológicas, ¿cuál es el origen del imaginario público como algo negativo? La imagen que tenemos de los mal llamados transgénicos es producto de la desinformación y falta de conocimiento que teníamos en los 90s. El término organismo genéticamente modificado es un término legal acuñado en el Protocolo de Cartagena. Un organismo vivo modificado, es aquel producido al introducir una copia de material genético mediante técnicas de biotecnología moderna.

Esta definición legal tiene sus orígenes en el desconocimiento que teníamos en los 80s y 90s sobre genomas. En aquel entonces se creía que las especies solo tenían genes provenientes por transferencia vertical, es decir mediante el cruce tradicional entre especies. Hoy sabemos que compartimos genes con múltiples especies y que muchos de los genes podrían intercambiarse si regresáramos en el tiempo a ancestros compartidos. Es una cuestión de tiempo y espacio.

Para referencia del lector, si comparamos nuestro genoma de 23.500 genes, somos 98% idénticos al gorila, 90% idénticos al chimpancé, 73% con el pez zebra, compartimos un 65% de nuestro genoma con las gallinas, 24% similares a las uvas y un 10% con la levadura de cerveza. Además, tenemos un total de 145 genes compartidos con organismos aún más distantes como hongos, nemátodos y bacterias1. En pocas palabras, tenemos copias de material genético de otras especies.

Ahora bien la segunda parte de la ecuación es, ¿qué es biotecnología moderna?. Los virus introducen material genético de manera natural en bacterias, de igual manera lo hacen en organismos más complejos como eukariotas. Y en la naturaleza las bacterias se intercambian material genético mediante plásmidos.

La biotecnología moderna consiste en aprovecharse de la ingeniería genética que ocurre de manera natural, por ejemplo en Agrobacterium tumefasciens, una bacteria que introduce ADN en plantas. Solo que se intercambia el fragmento de ADN que normalmente inserta, por uno de interés. Un ejemplo de plantas transgénicas creadas por la naturaleza es el camote que dispone de al menos dos genes insertados por Agrobacterium tumefasciens en su genoma2.

Los investigadores del Centro Internacional de la Papa calculan que esto ocurrió hace 8000 años y son estos genes adicionales los que permiten que la raíz crezca y de origen al camote que conocemos, algo distinto a lo que ocurre con la papa que es un tubérculo o tallo engrosado.

La seguridad, nutrición e inocuidad de los productos biotecnológicos para alimentación humana o animal es uno de los procesos más rigurosos que existen. Los desarrolladores invierten alrededor de 17 millones de dólares en 10 años con ensayos de campo y estudios de laboratorios acreditados para garantizar información del más alto nivel a los distintos gobiernos.

La información como identidad, origen, composición, efectos de la cocción, datos moleculares, datos de la característica nueva, rutas metabólicas, nutrientes, etc son comparadas y evaluadas. Países como Estados Unidos, Japón, Canadá, México, Australia, Corea del Sur, Nueva Zelandia, la Unión Europea, Filipinas, Taiwán, Sudáfrica, Brasil, Argentina y Colombia y muchos otros, suman más de 1100 evaluaciones y autorizaciones para consumo humano.

Las últimas 19 autorizaciones de la Unión Europea se realizaron hace unos meses en abril del 2015, se trata de 17 productos biotecnológicos para alimentación humana y animal, así como un par de claveles.

El tema del uso de la biotecnología ya está rompiendo paradigmas desde grandes opositores como Mark Lynas que declaró en el 2013 su error por asumir posiciones anticiencia5 y publicó en este 2015 en el New York Times sobre lo incompatible que es tener una posición científica sobre el calentamiento climático y una posición anti ciencia contra los Organismos Genéticamente Modificados6. Hasta el presidente Evo Morales de Bolivia, quien se había declarado en contra, y que actualmente está generando los espacios para adoptar los cultivos biotecnológicos.

Los científicos, como Pamela Ronald de la Universidad de Davis en USA, también están proponiendo mezclar el uso de tecnologías que son compatibles con el ambiente y ha creado tecnología en arroz para el beneficio social de agricultores en África.

Para Hernández, la Biotecnología llegó para quedarse a pesar de la desinformación y la publicidad engañosa que vemos todos los días. En Estados Unidos según el Departamento de Agricultura del Estado (USDA) el 94% de la soya, el 89% del maíz y el 91% del algodón son modificados genéticamente9. A nivel mundial según datos del 2012, el 81% de la soya, el 35% del maíz y el 81% del algodón son modificados genéticamente.

Ya estamos avanzados en una discusión política de más de 20 años que quedó enfrascada en los conceptos de los libros de los 80s y 90s, mientras que los agricultores adoptan la tecnología por vías formales o informales. La Biotecnología va por una nueva generación de productos públicos y privados tolerantes a sequía, beneficios nutricionales, más productividad e impacto social. Quizá sea tiempo de mirar la tecnología con una visión más científica y menos jurídica.

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