Innovación y biotecnología para el cambio climático

    El cambio climático es uno de los temas que atormenta a nuestro sector de producción de alimentos. En Centroamérica hemos sufrido temporadas de sequías como resultado del fenómeno del niño y con ello pérdidas de alimentos, ganado vacuno, porcino y avícola. En el 2014 Centroamérica sufrió más de 40 días sin lluvia, afectando todo el sector de granos básicos.

    Nos enfrentamos a un reto enorme que requiere de creatividad e innovación. Fenómenos de sequía no solo resultan cada vez más comunes y cíclicos, sino que son devastadores para el sector agrícola altamente dependiente del agua. Para que el lector tenga una parámetro de lo que representa el consumo de agua en el agro, producir un kilo de arroz requiere entre 1 a 3 mil litros de agua, mientras que en términos de uso de agua, la agricultura global utiliza el 70% del agua dulce.

    Las soluciones e innovación pueden originarse en mejorar cómo producimos o innovar en un cultivo que se adapte al cambio. Innovar en sistemas de producción requiere de altos costos en infraestructura para utilizar sistemas de riego por goteo o agricultura de precisión. Que el cultivo se adapte al cambio climático podría sonar ideal pero sumamente complejo si usamos métodos convencionales de mejoramiento, dado que la tolerancia a sequía está en distribuida en muchos genes. Solo para que el lector tenga una idea de la complejidad a la que nos enfrentamos, el arroz tiene más de 19mil genes y si comparamos tan solo dos variedades de arroz con algún grado de tolerancia a sequía como el IR 57311 y el LG93-4, notaremos que 245 genes se apagan y 413 se promueven.

    Es aquí donde la biotecnología tiene mucho que aportar. Una nueva generación de productos biotecnológicos tolerantes a sequía se están generando desde las universidades públicas y también del sector privado. Hasta ahora el lector posiblemente está familiarizado con la primera generación biotecnológica, generada en los 90s, que protegen el cultivo del ataque de insectos y evitan competencia de malezas al ser tolerantes a herbicida. Pero han pasado 25 años, y con ello, la ciencia y la tecnología han avanzado enormemente.

    Permítame presentarle las iniciativas del sector público y privado de variedades biotecnológicas tolerantes a sequía: caña de azúcar, soya y maíz. La caña de azúcar tolerante a sequía está siendo evaluada por el centro de investigación público de Brasil conocido como EMBRAPA. Los investigadores de Brasil están utilizando el gen de la planta Arabidopsis thaliana llamado DREB2A y que funciona como un “factor de transcripción”, es decir como un activador de otros genes relacionados con la sequía. En soya el Instituto de Agrobiotecnología Universidad Nacional del Litoral (UNL) Argentina encontró un gen en girasol que funciona de manera similar el Hahb-4 y que en soya tiene muy buenos resultados. En maíz, los investigadores del CINVESTAV, una entidad pública, están apagando el gen ZmTRE que degrada la trealosa. La trealosa se produce naturalmente en el maíz y al acumularse funciona como un protector de la deshidratación. En el sector privado, en Estados Unidos se cultivó 275 000 hectáreas de maíz tolerante a estrés hídrico con el gen CspB que le confiere a la planta una ventana de tiempo para soportar el cambio climático.

    Permítame presentarle además, los últimos resultados de las investigaciones científicas en biotecnología. En Julio, Nature Biotechnology, publica el avance en un aumento del rendimiento en maíz en condiciones de sequía entre un 31 y 123%. En agosto investigadores en China publicaron en Nature su logro por biotecnología que un tomate soportara 40 grados centígrados. En Setiembre Revista Nature publica el modo de acción del Jasmonato, molécula encargada del sistema de defensa y resistencia sequía en plantas.

    Todo esto se traduce en innovar. El agricultor está consciente que una nueva sequía vendrá tarde o temprano, y las herramientas biotecnológicas existen tanto públicas como privadas para ser evaluadas y apoyarnos en la producción agrícola ya sea de subsistencia o de manera comercial. Esperemos que estas soluciones lleguen pronto a manos del agricultor y logremos evitar así, la siguiente angustia de perder su cultivo o ganado por el cambio climático.

    Alejandro Hernández.

    Director Biotecnología CropLife Latin América

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