Siembra de nubes para enfrentar sequía

Unos 20 vuelos podrían intervenir hasta 2 millones de hectáreas, principalmente en el Corredor Seco. La operación dependerá de la existencia de nubes con suficiente humedad y condiciones atmosféricas favorables.
Tegucigalpa. Ante el déficit de lluvias que afecta a distintas regiones de Honduras, el Gobierno prepara un programa de siembra de nubes o estimulación artificial de lluvias, mediante una alianza con el sector privado hondureño y una empresa mexicana especializada en esta tecnología.
El ministro de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Moisés Abraham Molina, informó que la aeronave especializada ya se encuentra en territorio nacional y que el personal técnico está preparado para comenzar las operaciones cuando se presenten las condiciones meteorológicas necesarias.
La planificación contempla alrededor de 20 vuelos, con una cobertura que podría alcanzar hasta 2 millones de hectáreas. Las zonas prioritarias incluyen el Corredor Seco, así como sectores vinculados con las cuencas que abastecen las represas del Distrito Central y Comayagüela, el Alto Aguán y afluentes relacionados con la represa Francisco Morazán, conocida como El Cajón.
Una técnica que no crea nubes

La denominada popularmente “siembra” o “bombardeo de nubes” no significa producir lluvia a partir de un cielo despejado. La técnica busca intervenir nubes que ya existen y que presentan determinadas características de humedad y temperatura para favorecer los procesos de formación de precipitación. Para ello pueden utilizarse agentes de nucleación, entre ellos el yoduro de plata, que son introducidos en las formaciones nubosas mediante aeronaves u otros sistemas, dependiendo de la metodología empleada.
La condición fundamental es que deben existir nubes apropiadas.
Alejandro Trueba, representante de la empresa mexicana Startup Renaissance, explicó que la aeronave no puede realizar los vuelos de manera programada independientemente del estado del tiempo. “Los vuelos no pueden realizarse en cualquier momento. La aeronave debe identificar nubes con suficiente humedad y características apropiadas para la intervención”, señaló.
Según el representante empresarial, la compañía posee experiencia en 35 proyectos anteriores de estimulación de lluvias y afirma haber registrado incrementos promedio de aproximadamente 60 % en las precipitaciones en determinados proyectos, mientras que en algunos casos reporta aumentos de hasta 100 %.
Para Honduras, la expectativa planteada por la empresa es alcanzar un incremento de al menos 40 % respecto de la precipitación esperada. No obstante, las autoridades de la SAG han aclarado que esos porcentajes no representan una garantía de lluvia. La respuesta de las nubes depende de múltiples variables atmosféricas y no es posible asegurar previamente que una operación producirá un determinado volumen de precipitación.
¿Cómo se comprobarán los resultados?

Uno de los aspectos centrales del programa será determinar cuánto efecto puede atribuirse a la intervención. Para ello, las autoridades anunciaron el empleo de imágenes satelitales, sistemas GPS y estaciones meteorológicas.
El GPS permitirá conocer con precisión la trayectoria de la aeronave y las zonas donde se realizaron las operaciones, mientras que las estaciones meteorológicas registrarán las precipitaciones. La información permitirá comparar la lluvia observada con la precipitación esperada y evaluar el comportamiento de las condiciones meteorológicas antes, durante y después de las intervenciones. Este seguimiento será determinante para establecer los resultados reales del programa, debido a que las precipitaciones también están condicionadas por fenómenos naturales y por la variabilidad propia del clima.
El Corredor Seco, en el centro de la estrategia
La atención prioritaria estará puesta en el Corredor Seco hondureño, una zona donde los períodos prolongados de déficit de lluvia pueden afectar la producción agrícola, la disponibilidad de agua y los ingresos de las familias rurales. También se contempla intervenir áreas relacionadas con fuentes y sistemas estratégicos de abastecimiento de agua.
Entre ellas se encuentran las cuencas que alimentan las represas del Distrito Central y Comayagüela, sectores del Alto Aguán y afluentes asociados con El Cajón. La lógica de la intervención es aprovechar las nubes que se formen sobre estas zonas y que reúnan las condiciones necesarias para intentar incrementar su potencial de precipitación.
Una alianza para enfrentar la emergencia hídrica
El proyecto se desarrolla mediante una alianza entre el Gobierno, el sector privado hondureño y una empresa mexicana especializada. El sector privado participa en la movilización de recursos, mientras que la compañía mexicana aporta el componente técnico y la experiencia para desarrollar las operaciones aéreas.
La inversión total todavía no está definida, según explicó el titular de la SAG, debido a que las áreas de intervención continúan ampliándose y el sector privado mantiene el proceso de recaudación de fondos. Molina ha defendido la iniciativa como parte de la búsqueda de alternativas frente a la emergencia hídrica y ha señalado que el Gobierno está dispuesto a considerar mecanismos que puedan contribuir a enfrentar el déficit de agua. Desde Cenaos, organismo dependiente de Copeco, su director Francisco Argeñal también se refirió a la iniciativa. El funcionario consideró que se trata de una medida que puede intentarse ante la situación actual y destacó la necesidad de aprovechar las nubes que contengan suficiente agua.
Una herramienta complementaria
La siembra de nubes no constituye una solución independiente para enfrentar la sequía. Su principal limitación es precisamente la dependencia de las condiciones atmosféricas: si no existen nubes adecuadas, no hay posibilidad de realizar la intervención. Por esa razón, la experiencia hondureña deberá observarse a partir de los datos obtenidos durante las operaciones y no únicamente de las expectativas iniciales.
El programa se suma a otras medidas necesarias para enfrentar el déficit hídrico, como la construcción de reservorios, cosecha de agua, protección de las zonas de recarga hídrica, restauración de cuencas, sistemas de riego, manejo eficiente del recurso y fortalecimiento de la infraestructura para almacenamiento y distribución.



