Innovación: de la inversión a las repercusiones

Por QU Dongyu, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
El hambre no es inevitable. El mundo ya dispone en gran parte de la capacidad, los instrumentos, las tecnologías y los conocimientos necesarios para garantizar la seguridad alimentaria de todas las personas. Sin embargo, en 2025, 645 millones de personas seguían padeciendo hambre y casi una de cada tres personas en el mundo no podía permitirse una dieta saludable.
En un momento en el que los avances científicos y las nuevas tecnologías están transformando economías y sociedades enteras, las innovaciones que pueden ayudar a las personas de todo el mundo a mejorar la producción de alimentos nutritivos y el acceso a ellos, fortalecer sus medios de vida y fomentar su resiliencia siguen estando fuera de su alcance.
El problema no es que falten soluciones innovadoras, sino que estas no se adoptan a gran escala: las soluciones de eficacia comprobada deben convertirse en opciones adaptadas al contexto local, asequibles y capaces de atraer inversiones, de modo que los agricultores y las empresas agroalimentarias puedan utilizarlas, mantenerlas y adoptarlas a mayor escala.
Esta idea constituye el eje central del tema del Día Mundial de la Alimentación de este año: “Innovar hoy para nutrir mañana”. La transformación de los sistemas agroalimentarios constituye un enfoque integral basado en las cuatro mejoras: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás.
Gracias a los servicios de asesoramiento digital, los agricultores pueden acceder a previsiones meteorológicas, consultar precios de mercado y recibir orientación personalizada, lo que les ayuda a tomar mejores decisiones sobre la siembra, la gestión de las explotaciones agrícolas y la comercialización. Las actividades de vigilancia de las enfermedades animales y los sistemas de alerta temprana pueden detectar las amenazas incipientes con mayor antelación, lo que da a los servicios veterinarios y a los ganaderos más tiempo para actuar antes de que los brotes se propaguen.
Los sensores que miden la humedad y los nutrientes del suelo y el riego de precisión pueden ayudar a los agricultores a utilizar los recursos y los insumos de manera más eficiente. Los instrumentos satelitales y geoespaciales permiten a los países hacer un seguimiento de los bosques y de los cambios en el uso de la tierra. Contar con mejores datos sobre el mercado y sistemas de alerta temprana también puede ayudar a los gobiernos a prever las presiones sobre los precios de los alimentos, los suministros y el comercio y a responder con mayor rapidez.
Durante generaciones, los agricultores, los Pueblos Indígenas y las comunidades locales han conservado y desarrollado variedades de cultivos, han aprovechado y gestionado recursos hídricos escasos, han cuidado los suelos y han gestionado los paisajes y la biodiversidad. Actualmente, la FAO reconoce y apoya los sistemas agrícolas basados en estos conocimientos y prácticas a través de su programa sobre Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial.
Estos conocimientos siguen siendo hoy una fuente importante de innovación, en particular cuando se combinan con la ciencia y la tecnología modernas para ayudar a los productores a adaptarse a los cambiantes desafíos climáticos y ambientales. Sin embargo, sigue habiendo demasiadas soluciones innovadoras probadas que no están disponibles, no son asequibles o no están suficientemente adaptadas a las condiciones agrícolas locales. Para millones de pequeños productores, en particular mujeres y jóvenes, las dificultades para acceder a la financiación, las tecnologías, la infraestructura, la información y los mercados, así como la falta de conectividad, siguen limitando la adopción de estas soluciones y su uso a mayor escala.
A fin de eliminar estos obstáculos, es necesario establecer vínculos más sólidos entre la ciencia, la innovación y la aplicación, colaborando con instituciones, gobiernos, el sector privado, organizaciones de productores y comunidades. La FAO también innova en relación con las estructuras institucionales, por ejemplo, mediante plataformas digitales compartidas, sistemas públicos de extensión, cooperativas y otros modelos de ejecución que pueden reducir los costos de acceso y ampliar la cobertura. Crear soluciones en colaboración con los usuarios ayuda a garantizar que las innovaciones respondan a las necesidades locales y sean técnica y económicamente viables, así como a aumentar la probabilidad de que se adopten, mantengan y amplíen a mayor escala.
En general, se considera que la investigación agrícola es una de las inversiones más rentables en el ámbito del desarrollo rural. Un mayor volumen de inversión debe ir acompañado de la infraestructura, las instituciones, las competencias y las asociaciones necesarias para aplicar las innovaciones de éxito a mayor escala. Adoptar prácticas innovadoras será fundamental para reducir la huella ambiental de los sistemas agroalimentarios, responsables de alrededor de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y de más del 70 %, según las estimaciones, de las extracciones de agua dulce.
También es fundamental para ayudar a los agricultores y a otros productores a adaptarse a los fenómenos climáticos extremos. Las innovaciones deben adaptarse a las realidades y necesidades locales y estar respaldadas por políticas apropiadas e inversiones constantes. Los gobiernos pueden crear condiciones propicias e invertir en investigación, infraestructura y servicios de extensión; las empresas pueden convertir las ideas en productos y servicios asequibles; y los productores y las comunidades pueden aportar los conocimientos necesarios para que funcionen en la práctica y tengan repercusiones.
Estas cuestiones son igualmente importantes para las principales economías industrializadas. Contar con mejores datos e instrumentos analíticos puede ayudar a prever alteraciones del suministro y riesgos incipientes en unos mercados alimentarios cada vez más complejos.
La innovación puede fortalecer las cadenas de suministro, favorecer la competitividad y ayudar a proteger a los consumidores cuando una perturbación en una parte del mundo afecta a los precios y la disponibilidad de los alimentos en otros lugares. Sin embargo, la innovación solo tiene repercusiones cuando puede traducirse en proyectos que atraigan inversiones y sean financiables.
Para ello es necesario vincular la ciencia y la tecnología con una
formulación sólida de los proyectos, modelos de negocio viables, instrumentos de distribución de riesgos y financiación pública y privada, de modo que las soluciones prometedoras puedan dejar de aplicarse de forma experimental y adoptarse a escala comercial, generando beneficios económicos, sociales y ambientales cuantificables.
Toda cosecha nace de lo que se sembró antes. Todo avance se basa en los conocimientos, tanto antiguos como nuevos. Cuando la innovación llega a las personas y comunidades que la necesitan y se pone a su servicio, la cosecha del mañana puede verdaderamente echar raíces para nutrir el futuro.


