Un inapelable compromiso

Por Roque Vaquero M. Heredia, Costa Rica. Julio, 2026
La producción agrícola depende de muchos factores, considerándose dentro de una categoría significativa a el suelo, el agua, el clima, la especie cultivada y la forma en la que el hombre les maneja. Solamente con la combinación objetiva y el uso apropiado de esos factores se puede lograr una actividad, prometedora, conservacionista y resiliente.
A los mecanismos naturales activos, relacionados e interactuantes, crear las condiciones ideales para la agricultura les tomaron miles o millones de años, pero su deterioro grave y acelerado, ocurrido en tan poco tiempo (200 a 250 años) por el inapropiado manejo del hombre, les ha conducido a un detrimento inimaginable.
Por lo que se ha señalado, existe la necesidad de emprender el difícil e impredecible trabajo de frenar la situación e implementar prácticas que reenfoquen el manejo de los recursos y las actividades agrícolas, con el fin de no permitir que continúe el uso de prácticas perjudiciales y, en su lugar, se promuevan las que, aunque sea en partes poco significativas, pero constantes, permitan que el estado actual de deterioro de los recursos marche hacia su recuperación.
En el caso del suelo, el agua y el clima, a través de la historia han sufrido un intenso y nocivo deterioro por el uso, manejo y aprovechamiento
indebido y desmedido del hombre, afectando el potencial productivo de las áreas agrícolas; por ello, es preciso concentrar todos los esfuerzos en desarrollar e implementar normas y procesos aptos y aplicables para alcanzar el propósito de frenar y revertir esa inadecuada condición.
Desde hace unos años han tomado auge los trabajos y prácticas concretas en lo que se conoce como “agricultura regenerativa” ,con lo cual se pretende reestructurar los sistemas de producción agrícola para aprovechar de forma racional y eficiente los recursos, sin causar su deterioro y, en su lugar, iniciar su recuperación sin provocar un impacto significativo en la productividad y la producción puesto que éstas son, en gran parte, responsables de la futura satisfacción alimentaria de la humanidad.
En la mayoría de las áreas agrícolas del mundo se están desarrollando, revisando y utilizando las prácticas que permitan cumplir con el
compromiso de lograr, en forma responsable y eficiente, el uso racional de los recursos evitando su deterioro y fortaleciendo los aspectos relativos a su recuperación, conservación y resiliencia.
Algunas prácticas que se han revisado, desarrollado o están en proceso de investigación y prueba, cuya implementación permitirá cumplir el
compromiso, tienen que ver con: menor dependencia de los agroquímicos, selección conveniente de especies y su apropiado manejo, uso de prácticas y productos orgánicos, producción en sistemas agroforestales, manejo responsable y conservacionista del suelo, el agua y el clima, recuperación de ecosistemas degradados, protección en zonas de riesgo, y muchas otras que son importantes en la conservación y resiliencia de las áreas actuales y futuras de los recursos naturales y de la producción agrícola.
Los organismos responsables de mantener las condiciones requeridas para disponer de los productos que satisfagan las necesidades alimentarias de la población, junto a los grupos de desarrollo y protección de los recursos naturales y las organizaciones civiles, deben estipular las normas y mecanismos que regulen las actividades en los ecosistemas y en las zonas agrícolas, con el fin de evitar el deterioro de los recursos y fomentar su recuperación, sostenibilidad y resiliencia, garantizando, a la vez, una producción que satisfaga dichas necesidades.


