De la parcela al aula

Choluteca, Honduras. Lo que comenzó como un proyecto piloto para diversificar la alimentación escolar se ha convertido en una estrategia que mejora la nutrición de miles de niños y niñas, fortalece la educación y genera oportunidades económicas para cientos de pequeños productores rurales.
En los municipios de Pespire, San José, San Isidro, San Antonio de Flores y Nacaome, más de 8,000 escolares reciben durante el año lectivo alimentos frescos producidos localmente por agricultores y ganaderos de sus propias comunidades. El modelo, impulsado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) junto al Gobierno de Honduras y respaldado por la cooperación internacional, ha demostrado que la alimentación escolar puede ser mucho más que una asistencia alimentaria: puede convertirse en un motor de desarrollo local.

Un modelo que conecta el campo con las escuelas. La iniciativa nació en 2015 con el propósito de complementar la ración seca tradicional del Programa Nacional de Alimentación Escolar mediante la incorporación de frutas, verduras, huevos y otros alimentos frescos producidos por pequeños agricultores locales. Además de mejorar la calidad nutricional de los alimentos que reciben los estudiantes, el programa buscó crear mercados seguros para los productores rurales, fortaleciendo sus capacidades técnicas y productivas. Entre 2016 y 2019, el modelo logró beneficiar a más de 300,000 escolares y alrededor de 10,000 pequeños productores en diferentes regiones del Corredor Seco hondureño.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 obligó a suspender temporalmente su ejecución. En 2023, gracias al apoyo del PMA y fondos de cooperación internacional, el modelo fue reactivado mediante un proyecto piloto en cuatro municipios del norte de Choluteca. Los resultados fueron tan positivos que permitieron asegurar nuevos financiamientos para ampliar y consolidar la iniciativa.
Más asistencia, mejor rendimiento escolar
Los beneficios del programa son visibles en las aulas. Docentes y padres de familia coinciden en que la alimentación escolar ha contribuido significativamente a mejorar la asistencia y permanencia de los estudiantes en los centros educativos. Las madres y padres de familia desempeñan un papel fundamental en la preparación de los alimentos. Organizados en equipos de trabajo, participan diariamente en la elaboración de los menús escolares, incorporando tanto productos de la ración seca como alimentos frescos producidos localmente. Los propios estudiantes destacan los beneficios de la iniciativa. Muchos aseguran que disfrutan los alimentos porque son variados, nutritivos y les ayudan a mantenerse activos durante la jornada escolar.
Productores que encuentran oportunidades en sus comunidades
Detrás de cada plato servido en las escuelas existe una red de pequeños agricultores y ganaderos que han encontrado en la ración fresca una oportunidad para crecer. Actualmente, más de 117 productores agrícolas abastecen frutas, vegetales, tubérculos y huevos a los centros escolares participantes. Gracias a la asistencia técnica brindada por el PMA y organizaciones locales, muchos han logrado diversificar su producción y adoptar prácticas agrícolas más sostenibles.
Antes del proyecto, numerosos agricultores producían únicamente para el consumo familiar y enfrentaban dificultades para comercializar sus cosechas debido a las limitaciones de acceso a mercados. Hoy la realidad es diferente. Productores de la zona reportan incrementos en sus áreas de cultivo y una mayor diversificación de productos e impacto económico en las comunidades.
La leche fortificada: una innovación que fortalece la nutrición. Uno de los avances más importantes del programa ha sido la incorporación de leche de vaca pasteurizada, homogenizada y fortificada con vitaminas y minerales esenciales para el crecimiento infantil. Esta innovación comenzó a implementarse en 2025 y es resultado de un proceso de fortalecimiento de capacidades dirigido a pequeños ganaderos del norte de Choluteca.
Un modelo respaldado por la cooperación internacional
La consolidación de esta experiencia ha sido posible gracias al apoyo de diversos donantes internacionales. Entre ellos destaca La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), impulsa una iniciativa global orientada a fortalecer los programas de alimentación escolar y promover sistemas alimentarios más sostenibles en varios países. El proyecto busca mejorar la nutrición de los escolares del Programa Nacional de Alimentación Escolar del Gobierno de Honduras implementado por la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL) y la Secretaria de Educación (SEDUC), además de fortalecer las redes de protección social, dinamizar las economías rurales y generar oportunidades para mujeres, jóvenes y poblaciones vulnerables.
La experiencia desarrollada en el sur de Honduras demuestra que cuando la alimentación escolar se vincula con la producción local se generan beneficios que trascienden las aulas. Se fortalece la nutrición, se impulsa la economía rural y se construyen comunidades más resilientes.


